“Vamos a ganar porque es más la gente quiere un cambio”
30 de junio de 2010
Relajado, sonriente, con el semblante cansado pero de buen humor, a pesar de 60 días de duro trajinar por caminos, pueblos y ciudades, Gabino Cué es un optimista irredimible: “Vamos a ganar”, les dice a sus colaboradores al cruzar la puerta de su casa de campaña al norte de esta ciudad capital.
Acaba de hablar en un acto multitudinario atrás del estadio Vasconcelos, en una concentración nunca antes vista en la historia de las contiendas políticas. Según cálculos conservadores, acudieron más de 30 mil personas, más las que se retiraron porque prácticamente no alcanzaban a entrar en la atestada calle de Derechos Humanos.
Al evento llegaron a respaldarlo dirigentes nacionales de los partidos PAN, PRD, PT y Convergencia que integran la coalición Unidos por la Paz y el Progreso encabezados por César Nava, Josefina Vásquez Mota, Manuel Camacho, Graco Ramírez, Luis Walton, así como diputados federales, senadores y diputados locales. También candidatos como Clarivel Rivera, Francisco Martínez Neri y Luis Ugartechea.
Pero lo más importantes de los actos políticos es la gente- dice en entrevista el candidato- , “ a la cual le he visto los ojos, y veo en ellos un anhelo de esperanza de que por fin tengan un gobierno que trabaje en favor de sus necesidades.”
El edificio que alberga las oficinas de Gabino tiene un movimiento intenso; sus colaboradores se preparan para el día de la batalla final, el domingo 4 de julio. Suben y bajan operadores electorales, se desacomoda el escenario en la planta baja donde se realizan las conferencias de prensa. Hay gente que llega a la recepción en busca propaganda sin éxito. No parece haber descanso hasta no ver coronado sus esfuerzos.
El abanderado de los partidos PAN, PRD, PT y Convergencia dice complacido: “Esta campaña nos sirvió para confirmar que es mucho más la gente que quiere un cambio, un gobierno que vele por sus necesidades, alguien que por lo menos los escuche. Es lo que me pasó en muchos actos políticos. Al final mucha gente pedía la palabra para contar sus problemas, para quejarse del abandono en que los han tenido 80 años de gobierno de un solo partido”.
Ha bajado el candidato más de 10 kilogramos de peso, desde el mes de marzo cuando se realizó la precampaña. Entonces visitó 102 municipios; más los 120 de ahora, y 70 mil kilómetros por carretera, redondean un gran esfuerzo que espera produzcan miles y miles de votos el próximo domingo.
De sus experiencias en la campaña recuerda los intensos calores de la cuenca – San Miguel Soyaltepec, por ejemplo- que no fueron obstáculo para realizar largas caminatas y mítines llenos de entusiasmo. El de Vicente Camalote, por ejemplo, donde la gente demanda justicia ante agravios recientes y asesinatos políticos.
La gente noble de la sierra Juárez, los mixes con sus bandas de música, la mixteca y su reciedumbre, las mujeres de la costa, el istmo y la cuenca; los indígenas olvidados en los loxicha, en Ixtayutla…
Hasta muchos de estos lugares Gabino llevó su convocatoria para no privarse de la posibilidad de escoger de manera libre a sus autoridades. En todos los municipios recorridos ya lo conocían porque al menos una vez ha visitado los 570 municipios.
Ha prometido ya no volver a hacer campaña porque está seguro del triunfo: “ Lo he palpado al estrechar sus manos, mido la respuesta y el ánimo y sus deseos de que las cosas mejoren. Estoy seguro que no van a fallar porque ya es mucho aguantar otros 80 años más”.
En sus discursos se ha esmerado en explicar sus propuestas para traer desarrollo para el estado pero en 14 foros temáticos está diseñando ya un Plan de Gobierno si el voto le favorece.
Al culminar la campaña, Gabino se queda acaso con el pendiente de lo que vaya a suceder el domingo, pero ha llamado a la población a vestirse de blanco, acudir a sufragar y cuidar las casillas hasta que se cante el resultado. Y no aceptar provocaciones de los violentos.
Del contacto con la gente, Gabino acaso ha llegado tarde a un par de poblaciones por cuestiones de clima, pero nunca ha querido quedar mal; incluso la gente se sorprende porque llega a tiempo. Evita que le organicen comidas, salvo contadas excepciones, “ la gente no tiene nada y luego tiene que gastar; esto no es justo”.
Aunque es prematuro cantar victoria, este economista de 44 años sabe que los partidos de la coalición tienen amplias posibilidades de triunfo. “Sólo espero que la gente no haga caso de la campaña de miedo que instrumenta el gobierno, que tome su decisión y sufrague por esta opción. Ya he expuesto mis propuestas de gobierno para mejorar la vida de todos, todas las ofertas están calculadas con el presupuesto que le corresponde al estado… ”
Mientras platica llama por teléfono a su hija Mané; sabe que su esposa del mismo nombre anda todavía en gira por la colonia Morelos, promoviendo el voto sin candidato.
Sobre lo que hará el próximo domingo comenta que se levantará temprano y al filo de las 10 de la mañana acudirá a la casilla que le toca en la calle de Sabinos de la colonia Reforma, a la vuelta de la casa paterna.
El senador con licencia sabe que aunque las encuestas lo favorecen, el veredicto, si es limpia la contienda, lo dan las urnas. Una larga jornada de emociones encontradas como hace 6 años le espera. Su semblante relajado lo dice todo.









